CALIFICACIONES Y MOTIVACIÓN ESCOLAR


Al acercarnos al término del año escolar el tema de las calificaciones toma relevancia. La mayoría de los colegios han fomentado la evaluación formativa y han buscado fórmulas de calificar que perjudiquen lo menos posible a los estudiantes. Por su parte el Ministerio ha dicho que nadie se puede quedar repitiendo y el SIMCE (la gran evaluación a los colegios) este año no tendrá consecuencias para los colegios.


En un sistema escolar donde las pruebas estandarizadas y las calificaciones tienen un gran impacto, lo que ha ocurrido este año puede servir como un gran experimento social para ver qué pasa cuando las notas dejan de ser una recompensa o un castigo relevante.


Muchas personas piensan que las notas son un elemento para motivar el aprendizaje. Es decir los estudiantes se motivarían a querer saber más para sacarse buenas notas. Cuántas veces los adultos decimos a los niños “acaso no te importan las notas”, o “si no estudias te va ir mal en la prueba”. Esta mentalidad conductista puede que tenga algún efecto en algunos niños, especialmente en aquellos que se sienten más competentes, porque las recompensas y los castigos funcionan, pero al mismo tiempo no funcionan.


Las numerosas investigaciones en el campo de la motivación, impulsadas desde la Teoría de la Autodeterminación (Deci y Ryan) muestran que hay enormes diferencias, tanto en el desempeño como en la calidad del involucramiento en el aprendizaje, según qué tipo de motivación tengan los estudiantes para aprender, y que la relevancia de las recompensas y los castigos inhiben la motivación intrínseca por el aprendizaje. En algunos estudios se ha visto como la motivación intrínseca va disminuyendo durante la vida escolar, llegando a niveles muy bajos en la enseñanza media. En otros se observa que los estudiantes que se motivan por la nota tienen un levemente mayor desempeño que los estudiantes motivados por aprender, en el momento de rendir una prueba; sin embargo, si se les evalúa un tiempo después, sin previo aviso, los estudiantes con motivación por aprender mantienen su alto desempeño, mientras que los motivados por la nota disminuyen significativamente su desempeño. Incluso recientes investigaciones en neurociencia han descubierto que cuando las personas se motivan por recompensas, una vez que estas desaparecen, los circuitos neuronales asociados a la motivación se “apagan”.


En el discurso, los educadores quieren que sus estudiantes sientan curiosidad y entusiasmo con el saber, que entiendan el sentido de lo que aprenden y que valoren el proceso más que el resultado. Pero en la realidad los estudiantes normalmente reciben mensajes que dirigen su motivación a la nota, más que al gusto por aprender. Obviamente no se pueden eliminar las calificaciones (aunque eso es debatible) para medir los avances de los estudiantes, pero sí se puede cambiar la significación que tiene para los estudiantes. La nota puede ser una recompensa/castigo o una información importante para seguir desarrollando las competencias. Para transformar el significado de las notas, los educadores pueden explicitar su intención de que lo importante es el proceso y no el resultado, poner nota a los procesos, dar segundas oportunidades a quienes les va mal, corregir con los estudiantes para que entienden qué les falta para completar el aprendizaje, algunas veces permitir que los estudiantes elijan cómo quieren ser evaluados, entre otras acciones.


La motivación escolar no sólo es importante para tener mejores aprendizajes, la motivación está íntimamente relacionada con el bienestar de las personas. La motivación autónoma se relaciona con indicadores de salud mental y física, con la vitalidad y los niveles de estrés y con una mayor integración de la personalidad. Este tema requiere una atención especial en educación para promover el óptimo desarrollo de nuestros niños, niñas y adolescentes.


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