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Optimismo a Prueba de Todo

"La enseñanza es el mayor acto de optimismo" (Collin Wilcox)



Todo parece difícil en estos momentos. No se puede retornar a clases presenciales para todo los cursos, los profesores trabajando al doble, clases híbridas, faltan insumos sanitarios, los estudiantes y sus familias pasan por momentos de incertidumbre sobre su futuro y la tarea de recuperar aprendizajes, se ve compleja. Muchos docentes se sienten frustrados porque han hecho esfuerzos enormes por sostener la educación y ven pocos avances, más bien muchos retrocesos.

Empezando este segundo semestre, que siempre resulta ser una época del año que se pasa "volando" y a la que se llega en diciembre con mucho estrés acumulado, quisimos hablar de optimismo en educación.

¿Por qué hay personas que aún en los peores momentos pueden encontrar razones para ser feliz? ¿O aquellos que se levantan una y otra vez sin perder la esperanza? ¿De dónde viene el optimismo? ¿Es una característica inalterable de la personalidad, o es algo que podemos desarrollar?

Para algunos es la forma en cómo vemos el futuro, con buenas cosas por venir, para otros tiene que ver con cómo vemos el presente, el vaso medio lleno o medio vacío, y también hay una definición de optimismo que tiene que ver con cómo interpretamos los hechos del pasado. Probablemente las tres perspectivas son ciertas y están relacionadas. Si nos fijamos bien todo tiene que ver con cómo manejamos nuestros pensamientos respecto de los eventos de la vida. Como los pensamientos son hábitos mentales, muchas veces automáticos, no nos damos cuenta de lo maleables que son. Si, podemos cambiar nuestra forma de pensar las cosas, entrenar el pensamiento.

Estos hábitos se traspasan a los niños y niñas desde muy pequeños, a través de las explicaciones que les damos de los eventos que suceden a su alredeor.

"Eres un desordenado, nunca llegarás lejos."

"Con ese talento lograrás todo lo que te propongas."

"Esta pandemia es un castigo a los seres humanos que hemos sido malos."

"Puede que aprendamos muchas cosas de esta pandemia."

La educación obviamente se sustenta en un supuesto optimista, pero los adultos no siempre traspasamos ese optimismo a nuestros hijos, hijas o estudiantes. Nunca olvidaré una reunión con un grupo de docentes que me dijeron que su aspiración era que sus estudiantes "no fueran...delincuentes, madres solteras, drogadictos, etc." Frente a tales expectativas qué pueden esperar ser los estudiantes de esos docentes. Es cierto que a veces las realidades en que se educa son complejas, y da miedo ser optimista, mejor si las expectativas se mantienen bajas así la caída es menor. Pero ¿pueden las personas con bajas expectativas superar altos obstáculos, como los que tienen nuestros estudiantes de más bajos recursos.

Nos gusta la definición de optimismo como la forma de explicarnos las causas del pasado, especialmente para los niños, niñas y adolescentes, porque no tiene que ver con fantasías del futuro (si algún realista quiere ponerlo de esa manera). Este tipo de optimismo, Martin Seligman lo llama Optimismo como extilo explicativo, es decir son las causas que atribuimos a las cosas que nos pasan, las malas y las buenas. Por ejemplo, cuando no te alcanzas a subir a la micro porque va demasiado llena, y te podrías explicar lo sucedido de diferentes maneras: (a) siempre tienes mala suerte y nunca te pasa nada bueno, (b) eres tan tímido que te da susto empujar para entrar a la micro, (c) hoy tuviste un poco de mala suerte, (d) el sistema de transporte público está colapsado.

Cada explicación genera una emoción diferente y pensamientos hacia el presente y el pasado diferentes. Podríamos decir que (a) y (b) te harían sentir insegura o impotente, y (c) y (d), aún cuando hayas pasado un mal rato, te liberan de culpa y de una sensación de desesperanza permanente.

Normalmente no somos conscientes de las causas que atribuimos a los hechos, y la reacción emocional es muy espontánea, y reaccionamos de cierta manera con comportamientos o nuevos pensamientos sobre el futuro o el presente. El hábito de catastrofizar por ejemplo, es un estilo explicativo pesimista.

Lo novedoso quizás, es saber que el estilo explicativo optimista para los eventos positivos hace lo contrario, es decir, generaliza, amplía la explicación en lo temporal y en la extensión. Por ejemplo, cuando te felicitan tu trabajo te podrías decir que fue: (a) sólo porque tu jefe es tu amigo, (b) porque hiciste algo bien ese día, (c) porque haces muy bien tu trabajo siempre o (d) porque eres tremendamente creativa y trabajdora. Es fácil darse cuenta de los niveles de confianza que nos genera pensar de una u otra manera. Quien se piensa que hace las cosas bien generalmente, por supuesto que tiene más probabilidades de hacerlas bien en el futuro.

La enseñanza puede ser el mayor acto de optimismo, si es que logramos infundir en los estudiantes estas creencias sobre ellos mismos en sus capacidades. No es necesario inventarles historias sobre el futuro ni decirles que todo irá bien o que todo será fácil.

Empieza por revisar tus explicaciones causales de los eventos de tu vida. Trata de darte nuevas explicaciones más optimistas y luego, pon atención a las explicaciones que das a tus estudiantes o a tus hijos o hijas de los acontecimientos. Este entrenamiento debe ser consciente y suficientemente periódico como para instalar un hábito de pensamiento positivo.

El optimismo es una de las estrategias que enseñamos y practicamos en el taller Estrategias para la Contención y la Resiliencia.




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